February 4, 2006

Jóvenes y psicofármacos

Posted in Reportajes at 8:50 pm by dichoyhecho

Reportaje de investigación. Por Gema Panalés Lorca

El aumento del consumo de ansiolíticos y antidepresivo entre los adolescentes se ha duplicado en la última década.

María C. V. es una murciana de 19 años que estudia 2º de Trabajo Social. Lo tiene todo: posee una belleza embriagadora, es lista e ingeniosa, sus amigas la adoran y está enamorada de Juan, su novio desde hace seis meses. La vida de María parece plena y sencilla, sin embargo, hay días en los que su cuerpo no puede con el alma. A pesar de su juventud, María ya ha visitado a varios psicólogos y acudido a la consulta de dos psiquiatras. Su problema no está claro, el diagnóstico sí: ansiedad, fobia social e insomnio.

Para María cada día es un reto, se levanta aturdida por la medicación y desde bien temprano comienza una lucha contra las horas del reloj: “Mi meta es tener el tiempo ocupado y estar con gente para no dejar que mi mente fluya sola, de esta manera evito mis crisis”. Le da tantas vueltas a la cabeza que acaba delirando y viendo las cosas de manera fatídica. “Ayer, por ejemplo, empecé a pensar que Juan me había olvidado, él estaba con sus amigos y como no me llamaba, pensé que todo había acabado y borré su número de teléfono. Cuando pude hablar con él, me tranquilizó y se me pasó todo”. María no tenía ningún indicio de que algo fuese mal, sabe que su novio la quiere con locura, pero su mente le hace ponerse siempre en lo peor. También le pasa con sus amigas y en los estudios: “Pienso que no sirvo, que soy incapaz y la única salida que encuentro es abandonar la carrera”.
Por la noche, su única preocupación es dormir. Tiene insomnio desde los 13 años y realiza una serie de rituales antes de poder irse a la cama: “Primero voy al baño, luego me pongo crema en los brazos y las piernas, voy a por un vaso de agua que coloco en la mesita, me tomo la medicación y apago la luz dos veces”. A los 16 años empezó a automedicarse, injería diariamente 8 valerianas combinadas con tilas para poder dormir. Luego el médico de cabecera le recetó Lexatil para los nervios durante los exámenes: “Me los tomaba para todo, se los robaba a mi madre porque dependía de ellos psicológicamente. Cada vez necesitaba más y dejaron de hacerme efecto”. María no dormía, vivía en un estado de miedo continuo, los nervios la comían por dentro y la desesperación le generaba una angustia insoportable. “No entendía nada de lo que me rodeaba y no me encontraba a mí misma”.

‘Medicación para caballos’.
La falta de opciones fue, según ella, lo que la llevó a la consulta de un psiquiatra: “Visité primero a un psicólogo, pero no sirvió para nada. Luego encontré a un psiquiatra privado que me recetó una medicación para caballos”. Durante dos meses estuvo tomando Rivotril (un antidepresivo), Motivan (contra la fobia social) y Orfidal (un ansiolítico). “No era consciente de lo que me estaba tomando. Me sentía impotente y desesperada y la única alternativa fue ponerme en sus manos”. Con la medicación desapareció la angustia, pero también su personalidad y estado anímico: “Estaba como en otro mundo, me sentía flotar fuera de mi cuerpo, conseguí olvidarme de que existía”. Las emociones ya no eran ni buenas ni malas, María vivía en una balsa de aceite, sus pensamientos y sentimientos quedaron anulados, y dejó de ser ella misma: “Muy pocas personas se conocen y se aceptan, casi nadie es coherente consigo mismo, pero lo que sí es cierto es que durante esos dos meses dejé de preocuparme por intentar saber quién era”.

Tras varios meses en lista de espera, María encontró a otro psiquiatra por la Seguridad Social que le recomendó inmediatamente dejarse esa medicación. “Me recetó otros fármacos más adecuados a mi problema y me puso en las manos de una psicoanalista”. María no pudo soportar el proceso de transición de una medicación a otra y cayó en una depresión: “El síndrome de abstinencia fue terrible, dejé de comer y de salir, me encontraba peor que nunca y parecía que aquella situación iba a durar siempre”. Sin embargo, su fortaleza y determinación no le permitieron hundirse, y tuvo la valentía suficiente para enfrentarse a sus temores. María lleva casi un año con la nueva medicación y ahora se encuentra bien, equilibrada. Duerme lo necesario y si tiene ansiedad el orfidal se la quita, aunque hay veces que llega a tomarse hasta cinco diarios.

María también acude todos los jueves a la cita con su psicoanalista, quién indaga en el pasado, en los pensamientos y en la subjetividad de la joven, por 50 euros la hora.
Durante la terapia la chica habla de cualquier tema mientras la especialista escucha y ata los ‘cabos sueltos’. “Me analiza mi problema de discontinuidad temporal, la distorsión de la realidad, mis rituales antes de dormir, el asco por la comida, la obsesión por la higiene…”. María asegura que lo que le está ayudando realmente es la psicoterapia y que la medicación ha pasado a un segundo plano: “Los fármacos no solucionan nada, son únicamente un complemento a la psicoterapia”. Pero la joven también reconoce que no se ve sin las pastillas: “Es algo que ya forma parte de mí, al principio me daba miedo depender de ellas, pero ahora ya no: la medicación es una droga más y no pasa nada. Al final todo el mundo está enganchado a algo y por lo menos yo estoy controlada por un especialista”.

En busca de la felicidad completa.
Juan Francisco Tello Robles, médico psiquiatra especializado en jóvenes, considera que el aumento de trastornos de depresión y ansiedad entre los adolescentes está motivado por el estrés y la competitividad que generan las exigencias del día a día. Por otra parte, asegura que los estereotipos generados por la sociedad del bienestar les llevan a buscar una felicidad completa, en la que no tiene cabida la tristeza: “Una mala racha o un estado anímico bajo, situaciones por las que atravesamos todos los seres humanos, ya no se toleran”. Tello opina que aunque el tratamiento psiquiátrico sigue siendo un tema tabú, y son muy pocos los que confiesan que acuden a un especialista, cada vez se ve con mayor naturalidad la figura del psiquiatra: “Aunque se esconde socialmente, la gente se permite a sí misma, más que antes, acudir a una consulta”.

Los cuadros que más se presentan en los jóvenes son los de ansiedad, depresión y especialmente los trastornos de drogodependencia: “Cada vez son más los chicos de 12 o 13 años que beben hasta la borrachera todos los fines de semana”, advierte el psiquiatra. Este es el caso de Luna P. M., una madrileña de 20 años estudiante de Filología Inglesa a la que diagnosticaron en enero ‘alcoholismo de fin de semana’.

Luna salía con sus amigas para poder beber y en menos tres horas llegaba a gastarse más de 40 euros en alcohol. Esta última noche vieja Luna se emborrachó y perdió la conciencia: “Me ‘enrollé’ con chicos que ni conocía, dije mentiras increíbles como que mis padres me maltrataban, y mis amigas terminaron enfadándose conmigo. La joven decidió ver a un psicólogo que le mandó terapias de relajación: “Eso no era lo mío, yo quería ver a un psiquiatra porque necesitaba medicación”, dice Luna. Así que acudió a la consulta de un especialista que le recetó Prozac (un antidepresivo), 20 inyecciones de B12 (fármaco que reanima a los jóvenes cuando sufren un coma etílico, y que a Luna le ayudaba a reducir su apetito por el alcohol), somníferos y pastillas para la ansiedad durante el día. Luna dejó de beber, pero también dejó de ir a clase: “Si tomaba todas las pastillas me quedaba dormida, estaba muy tranquila pero era una sensación demasiado artificial”. Además la joven podía cometer auténticas locuras a la hora de injerir los fármacos: “Mezclaba diferentes clases de tranquilizantes y somníferos, no me importaba morirme”.

Luna estuvo tomando la medicación tres meses, pero decidió abandonarla en Mayo: “Conocí a Ángel, mi ‘compañero sentimental’, y ya estoy bien, no las necesito”. La joven asegura que ya no tiene las ganas de beber de antes, pero es consciente de que tiene que controlarse para evitar una recaída. Hace dos semanas Luna salió con su novio y unos amigos y se bebió 20 tequilas en menos de dos horas: “No recuerdo nada, me llevaron al hospital y me pincharon la B12 otra vez”, confiesa con una pícara sonrisa.

Tanto Luna como María descartan la idea de llevar a sus hijos a un psiquiatra el día de mañana y ambas están de acuerdo en que el problema principal es la falta comunicación y de diálogo. “No creo que nadie necesite un psiquiatra. La gente lo que desea es que la escuchen de verdad. Mientras persista esa necesidad los psicólogos seguirán ganando 50 euros la hora”, denuncia María. Luna opina que cada vez son más las personas que consultan la opinión de un profesional: “Si no tienes a nadie con quien poder hablar y desahogarte, terminas por recurrir a la única alternativa que te queda”.

La falta de medios, el principal problema.
El doctor Tello defiende el uso de medicamentos para la recuperación del paciente. Considera que en las últimas décadas se ha ganado mucho en seguridad: “Hoy en día los fármacos se toleran mejor y tienen muchos menos efectos secundarios. El único problema es el de la adicción”. El doctor reconoce que en ocasiones se prescriben más medicamentos de la cuenta, pero achaca la culpa al paciente: “Muchos de ellos presionan para que se le medique. Buscan la solución en dos semanas mediante un fármaco”.

Un buen diagnóstico, combinado con una terapia psicológica, es fundamental para frenar la sobremedicación, pero no resulta fácil si tenemos en cuenta las condiciones en la que se encuentra nuestro sistema sanitario: “En la Seguridad Social la lista de espera para ver a un psiquiatra es de varios meses y el tiempo por cada paciente es de 15 minutos. Aunque nosotros también recibimos formación psicológica, en un cuarto de hora no se puede realizar una terapia”, comenta Tello. Si a esto le sumamos que la sanidad pública no financia la atención psicológica complementaria, nos encontramos ante pacientes que no reciben un tratamiento completo y que, en muchas ocasiones, son atiborrados a pastillas, sin recibir siquiera un diagnóstico individualizado. El tratamiento psicológico pertenece al ámbito de la sanidad privada y muchas veces los fármacos se convierten en la única vía de escape de jóvenes desesperados. Los expertos están realizando fuertes advertencias a médicos y pacientes a cerca de una tendencia que puede tener fatales consecuencias sobre los que serán los adultos de mañana.

El ‘tesoro’ de las farmacéuticas.
El uso de psicofármacos entre la población juvenil se ha duplicado en la última década, según un estudio realizado por la Universidad de Meryland. España no es ajena a esta tendencia que tiene su máxima expresión en EE.UU., de hecho, antidepresivos y ansiolíticos se han convertido en uno de los grandes tesoros de las industrias farmacéuticas, y se encuentran en la lista de los diez medicamentos más vendidos en nuestro país. Mientras tanto, se estudian los posibles efectos secundarios de su uso sobre la población adolescente, así como el síndrome de abstinencia que aparece cuando se corta el tratamiento, y se alerta sobre la relación entre el consumo de antidepresores y el incremento de casos de suicidio entre jóvenes y niños, detectado en el 2004.

22 Comments »

  1. Rosa said,

    Gema, muy buen reportaje y sobre todo, muy buena idea hacerlo sobre este tema. Tú ya sabes mi opinión sobre todo el rollo de tomar pastillas y eso, pero lo digo abiertamente: no creo en los psicólogos ni en psiquiatras ni en nada parecido. Un psicólogo no te puede conocer porque vayas una hora a la semana a contarle tu vida. Conozco a personas con problemas muy gordos y a las que la vida le ha dado muchos palos con sólo 20 años y no se hinchan a medicamentos. Lo mejor es hablar con la gente que realmente te conoce y saber enfrentarse solito a los problemas. La vida tiene sus cosas malas y hay que aceptarlo. Y todo el mundo ha pasado por situaciones de estrés y no nos tomamos una caja de pastillas!

  2. isik said,

    rosa, ya sabes lo k pienso yo de esto, pero ahora kiero ponerme en otro lugar. Es cierto que cuando alguien tiene un problema lo que tiene ke hacer no es darle una pastilla generadora de indiferencia, sino darle recursos para superar ese mal trago en su vida.

    Pero por otro lado, supongo que está justificado que, si una persona no ha sido capaz de encontrar esos recursos, pues le des unos mesecitos de trankilidad para ke después los pueda encontrar, aunque la serenidad sea causa de las pastillas.

    Yo no creo que porke una persona tome antidepresivos se esté hinchando a pastillas, tomará las que le diga el médiko, igual que nosotras cuando pillamos un catarro, no?

    …Con lo habladora que estaba yo akella noxe y lo que resumo ahora.

  3. Gema said,

    Gracias Rosa. Gracias Isa. ¡Qué vivan las dos zagalicas más salás de la derecha de mi “bloque revolucionario”!

    Lo de los jóvenes y las pastillas de la felicidad es una realidad con aspiración de epidemia. No elegí el tema para el reportaje, los jóvenes empastillados llegaron a mí… Lo que quiero decir es que hay muchísima gente que recurre a los psiquiatras en busca de ayuda, pero los adolescentes son un grupo de riesgo para el que, en muchas ocasiones, el remedio se convierte en enfermedad con secuelas de por vida. Eso es lo que me preocupa y la opinión, que procuro, NO explicitar en el texto. María y Luna son dos chicas llenas de vida, sus familias las quieren y poseen una inteligencia brillante. Ambas son consumidoras habituales de tabaco y Luna también de alcohol, ya está. Son chicas normales que en un momento determinado sufrieron una crisis y optaron por la ayuda de un profesional. Ambas se engancharon a las pastillas. La pregunta es ¿por qué?

    Lo que acojona del tema es que el tratamiento, además de curar la parte “enferma” de sus mentes, les arrebató la inocencia para siempre. María lo dice muy claro: “Yo ya no me veo sin las pastillas, forman parte de mí”. ¿Era María consciente del antes y el después que el tratamiento supondría en su vida? ¿Por qué las dos declaran que no llevarían a sus hijos a la consulta de un especialista? Hay algo que se nos escapa, porque si ellas están “locas” los médicos que las trataron deben estar de psiquiátrico. Creo que, de alguna manera, se aprovecharon de ellas. Y no lo digo por lo escalofriante de ver a una chica joven completamente zombi, sin esencia, ni razón. Lo digo porque una parte de ellas se rompió y ahora ya nadie puede arreglarla. No se trata de demonizar a los psiquiatras: Tello Robles, el especialista al que entrevisté, y que tiene su consulta en la Gran Vía, parecía un buen hombre y un profesional honrado. Se trata de plantear el problema y poner todas las cartas encima de la mesa. Las drogas, drogas son. Y puedo compartir con María eso de que “al final todo el mundo está enganchado a algo”, pero
    me mantengo escéptica ante el que me quiera hacer creer que un cerebro artificialmente modificado, tiene más recursos para enfrentarse a los problemas cotidianos. Lo siento, pero por ahí no paso. Sobre todo porque advierto la siniestra hipocresía del tema: ¿si un joven está desequilibrado por qué confiar en su mesura a la hora de injerir los psicofármacos? Tanto María como Luna reconocen haber cometido auténticas locuras
    –ahora sí- en la ingesta de los cócteles de la felicidad que, por supuesto, ellas mismas se han preparado en la soledad de “su demencia”. La realidad es que ellas nunca habían consumido drogas duras, pero una receta médica les brindó la oportunidad de conocer de cerca el maravilloso mundo de las sobredosis. Que horror y que asco. Aquí hay algo que no funciona. Conozco a María desde los 7 años, Luna es mi amiga desde hace menos tiempo. Sin embargo, sé que ninguna de las dos se merecía pasar por esa triste experiencia.

    Prefiero un “Elogio a la Locura” como el de Erasmo, a una aceptación generalizada de la cordura en dosis. Conservemos la salud de nuestras mujeres jóvenes porque ellas nos dan la vida, la alegría y las ganas de seguir amando al género humano.

  4. Pitia said,

    Dime, ¿crees realmente que el problema puede solucionarse con un camello colegiado? El problema que veo yo, además, claramente, es la falta de conocimiento de sí mismos, de sus propias inquietudes. La mayor parte de este tipo de jóvenes parte de un problema de raíz: la perplejidad ante sus sentimientos, de los que no son capaces de encontrar la verdadera causa, ni de acotar la vehemencia de sus pasiones. Sus crisis son doblemente fuertes, cuando no perciben la causa. Se desconocen y la ansiedad, por esa ignorancia, les corroe.

    Decía un amigo: “Yo necesito un psiquiatra que no necesite un psiquiatra”.

    Todo el mundo tiene problemas, pero ante la mirada narcisista de nuestros contemporáneos, los verdaderos y únicos problemas “son los interiores”. Problemas derivados del espejo son la tónica habitual… Odiadores del reflejo turbio y marejado creado por el agua de su mente. No pretendo decir con esto que estemos ante un momento de crisis. En la antigüedad, y no tanto, los problemas característicos eran el miedo ante los sueños, los fenómenos celestes y las enfermedades que devastaban la civilización. Epicuro planteó una solución: no temer al dolor por ligero o momentáneo, y disfrutar de los pequeños placeres, incluidos los del vino y la amistad, ¿por qué no?

    Ahora pagamos las fallas de su sistema. Ya nadie se acuerda del olor de la muerte, parece más bien ficción o realidad transcontinental, lejana. Epicuro está en nosotros. Su espíritu está con los jóvenes del botellón que se reúnen en JARDINES, con la AMISTAD por bandera y el VINO encocacolado para acompañar.

    El epicureismo nos libró de los demonios del mundo reduciendo la mayoría de problemas a superchería o temor infundado. ¿Pero, quién nos librará de los demonios internos?. Ahora ya, no miramos al mundo con temor… Así que cuando todo está solucionado, cuando la realidad te cubre de bienes en una urbanización de adosados, los demonios nacen en el interior y el único dolor es el autoinflingido. Duelen más los pensamientos recalcitrantemente autodestructivos (rayaduras), que rompernos una pierna o que nos parta un rayo.

    ¡Sólo me queda mandarlas al Oráculo!
    “¡Conócete a ti mismo!”

  5. María Rodríguez Bezares said,

    Gema, siempre pueden mejorarse las cosas…pero… Niña, es mi humor, ¡de lujo chiquilla! Isa, difiero contigo totalmente, la metáfora catarro-depresión me ha erizado, lo siento. Un médico te podrá recetar una dosis según un diagnóstico. Siempre he pecado de incrédula aunque no tengo por qué poner en duda la profesionalidad de los especialistas. Pero atendiendo a casos reales y a estadísticas conocidas por todos o casi todos, “las pastillas de la felicidad” te están condenando de por vida y por Dios, yo tomo Frenadol cada año pero podría vivir sin él. La pregunta es, ¿puede María sobrevivir sin su dosis? No puede, le es imposible, ha entrado en un pozo sin fondo y el problema es el por qué, ¿no había otra salida? Seamos realistas, los tratamientos se inician con dosis moderadas que van aumentando hasta llegar a una dosis máxima que se mantiene durante varios meses y en ocasiones años. Hablando claramente no consiguen aumentar la alegría de quienes buscan esa felicidad que no considero real en fármacos sino disminuir la tristeza que les ahoga pero, vuelvo a repetir, ¿es real? No puedo darle la enhorabuena a alguien que ha aprobado un examen dando el cambiazo, no puedo alegrarme de que mi ciclista preferido ha ganado una etapa dopado, no puedo creer en la disminución de la tristeza de alguien que se encuentra drogado.

  6. Gema said,

    Muchas gracias Meri-Meri! Tu sinceridad abruma. Sin duda el reportaje podría estar mejor (empezando por el titular), pero ya sabes tú mi nueva filosofía de vida: ¡que viva yo y la madre que me parió! jejeje! Acepto tu opinión siempre y cuando no me pintarrajees el reportaje de rojo. Lo encuentro de tan mal gusto…jejeje!
    Pues eso, me gustaría ver también algo tuyo, echo en falta tu sentido del humor y esas frases “demasiado retocadas”, jejejje! ¡Que viva María y la madre que la parió!
    En serio, mándale algo a Pedro, cualquier cosa. Hasta una reflexión sobre como vive una granadina el Bando de la Huerta, puede resultar la mar de interesante, viniendo de ti.

    Bueno, a seguir viviendo y a tomar el sol!

  7. chico said,

    Yo creo que la raíz de la mayoría de problemas psíquicos, de conducta y depresiones radican en la infancia, es decir en la educación que te den tus padres -en el caso que te den- y en tu entorno escolar. No soy psicólogo ni nada por el estilo, pero es evidente. Influye en gran parte también el tema de la genética, pero vamos que tener una infancia correcta es la clave.

    Si tienes unos padres poco comunicativos, agresivos, indiferentes y poco comunicativos, todo influye. Si de nacimiento eres un niño tímido y en clase te marginan y se burlan de tí,…todo influye un poquito en las criaturas. Y más si son de por si muy sensibles.

    Hay chavales que han tenido quizás una infancia correcta y no les falta el cariño…pues si están mal porque son así pues nada, se acepta y se trata.

    Vereis, yo creo que en situaciones realmente delicadas es indispensable el tratamiento médico, atención, pastillas, lo se por experiencía propia en mi familia, no por mi. Si claro, es muy jodido porque luego una vez recuperada no puedes dejar de tomarlas pero te ayuda y eso el lo que cuenta, con el tiempo se puede conseguir dejarlo.

    La verdadera filosofía es pensar y decir que uno mismo puede salir de eso, por tus propios huevos, o coño lo que sea, sea el problema que sea. Pero es fácil decirlo sin haber pasado por ello. Y va en referencía a la gente que realmente no ha vivido algo así. Yo tengo 24 cumplidos y por desgracía lose, quizás vosotras también no lo se. Y por mucho empuje que a veces pongas, agarrate que vienen curvas.

    Aún estando mal y habiendo pasado por un palo duro de esta índole, sigo pensando que lo mejor es echarle coraje porque es cierto como decíais que una persona que no te conoce, no puede ayudarte, quien te puede ayudar es el que esta a tu lado todos los días. Si un día estas mal te ayudo si otro estas mal tu te ayudo yo…sea quien sea, tu pareja, tu hermana, tu padre, tu mejor amigo, etc…

    Bueno espero que no os parezca nada del otro mundo que un chico os halla escrito en vuestro foro de amigas y por eso ya me daba un poco de cosa escribir…

    Un abrazo,

  8. chico said,

    Por cierto, muy bueno el reportaje. Un 10.

  9. Gema said,

    Gracias, Chico intrépido.

    Lo mejor es que tengas una opinión fundamentada en la experiencia, es decir, basada en lo que conoces. Esa es la mejor prueba de credibilidad que puedes darle a un periodista.

    Siempre he pensado que nadie nace psicópata o asesino, creo que en un momento determinado cualquiera puede perder la cabeza -debo añadir que cuando he expresado en público esta idea me han llovido siempre las críticas-.

    La educación y el entorno social no juegan un papel determinante, aunque por supuesto influyen. Si la causa de la existencia de asesinos en serie fuera la educación impartida por sus progenitores, no encarcelarían al criminal, sino a sus padres. Aunque coincido contigo en que el tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos que reciben algunos jóvenes se debe a la locura delirante de sus papis y a traumas infantiles mal curados.

    Creo, al igual que tú, que el apoyo de las personas que quieres es condición para la recuperación, pero como “en el fondo estamos solos en un desierto de gente”, que diría Andrés C., considero que la clave reside en el esfuerzo y la superación personal del individuo. Si tú no tienes la fortaleza para levantarte de la cama, ¿cómo pretendes ayudar a nadie?

    No soy Tom Cruise, ni pertenezco a la iglesia de la cienciología, pero lo preocupante del efecto de los psicofármacos es que, en casos concretos, pueden imposibilitar la recuperación del enfermo, e incluso provocar su muerte –los últimos estudios alertan de la alarmante relación entre el consumo de antidepresivos y el incremento de suicidios en jóvenes-. Así que cuidado con el éxtasis discotequero, pero alerta también con el dulce y legalizado prozac.

    Las drogas, drogas son. Hay a quién le ayuda fumarse un canuto antes de dormir, existen personas que consumen cocaína esporádicamente y no son adictas, y es cierto que el prozac y los ansiolíticos han aliviado muchas depresiones. Sin embargo, como te he reconocido arriba: la experiencia es un grado, y el duro testimonio de personas que se han enganchado a la cocaína, o la estremecedora historia de jóvenes que han caído al vacío por culpa de los psicofármacos, nos hacen reconsiderar la cuestión más seriamente.

    Si el reportaje ha servido para desterrar la peligrosa frivolidad, me conformo. Y me alegro, Chico.

    Gracias por expresar tu opinión.

  10. Cati de incógnito said,

    Ei Gema! Me has chafado la ilusión de hacer un reportaje sobre este tema, el tuyo es insuperable!!🙂
    Mira, voy a hablar desde la experiencia. Yo tuve un trastorno de ansiedad con hipocondria y tomé pastillas durante un año (Seroxat) Me costó “desengancharme” un més, con un poco de voluntad se puede hacer. Así que yo no creo que la demás gente sea más débil que yo y no pueda quitarse la medicación. Difiero en cuanto a que las patillas no hacen nada, cuando no te puedes levantar de la cama y ni siquiera andar (síntomas físicos de la ansiedad), las patillas te ayudan y mucho.
    Ah, y una frase que me gusta mucho decir cuando hablo de este tema: “Cuando has abierto la caja de Pandora ya no hay marchá atrás”. Que cada uno lo entienda como quiera

  11. Gema said,

    Hola Cati!
    Un mismo tema pude ser tratado de maneras diferentes. El estilo, las fuentes y las conclusiones siempre serán diferentes, pero la calidad dependerá necesariamente del esfuerzo, y la investigación que estás realizando es mucho más profunda que la mía. Por favor, no desistas, prima!

    La Caja de Pandora alberga los demonios del mundo y su apertura no puede evitarse. Creo “en la conciencia como fatalidad” –es una idea de Cioran, un filósofo rumano-. Tomar conciencia de los males que nos acechan supone, por tanto, abrir de par en par esa caja maldita, pero ¿podemos evitarlo? Comienza cuando descubrimos la verdadera identidad de los Reyes Magos, y así hasta el final de nuestros días…

    Tienes toda la razón: jamás habrá vuelta atrás, pero la vida resulta más reconfortante cuando recuerdas la lucha emprendida y la euforia de la victoria. Lo que no te destruye te hace más fuerte -topicazo lleno de razón-, y siempre será mejor una caída consciente, que la felicidad descerebrada del que no se conoce a sí mismo.

    Aquí estoy para lo que quieras, prima.
    SAPERE AUDE!

  12. angel said,

    rivotril no es un antidepresivo, es una bensodiazepina (ansiolitico).

  13. angel said,

    Pues yo estoy a punto de empezar a tomar orfidal y llevo tiempo tomando rivotril. Tambien tomo un antidepresivo. Tengo un poco de temor por volverme adicto o que baje mi capacidad intelectual por este medicamento, de por si tengo muy mala memoria el cual se lo achaco al rivotril, y antes que nada a mi falta de dinamica por miedos sociales. Espero me valla bien con este nuevo medicamento.

    me parece muy bien que traten temas de este tipo, si pueden hacer un reportaje acerca de la tension social que existe hoy en dia por los diversos factores antropologicos ya sea: el hombre y la relacion con la tecnologia (falta de interacion humana), la tendencia erronea del prototipo de hombre de provecho, o casas que incluyan esto me pareceria interesante.

    Saludos y tomen la mejor medicina la música; )

  14. Gema said,

    ¡Hola Ángel!
    Siento haber tardado tanto tiempo en contestarte. Espero que te vaya bien en este nuevo camino que emprendes con el orfidal, seguro que eres una persona responsable y no tendrás mayores problemas. Es una medicación fuerte, pero con el suficiente (auto)control puede ayudarte mucho a salir de ti mismo y a tomar las riendas de tu vida.

    Sin embargo, ya que sacas el tema te contaré la historia de una persona que tuvo una experiencia delirante con el orfidal. Por supuesto, se trata de una historia sin mayor trascendencia y espero que te sirva para observar todas las “ópticas” del problema, como diría el moderador del blog.

    Una vez conocí a una persona que, según ella misma contó, se tomó ocho orfidales sin saber muy bien por qué. Al contrario de lo que cabía esperar, no se quedó durmiendo. Salió y habló con mucha gente durante tres días, pero no recuerda nada: fueron tres días en blanco para su mente. Es posible que sufriera una crisis nerviosa y por eso se sobremedicara, es la hipótesis más factible. Lo que más llamó mi atención fue la extraña manera de actuar de este ser “ausente” durante esos días de locura: vestía con una ropa extrañísima -jamás lo había visto antes de esa guisa-, se bebía cafeteras enteras de café solo -cuando siempre lo había tomado con leche y azúcar- y le salían por la boca auténticos improperios durante sus monólogos trasnochados. En fin, daba una pena verlo…

    Es una historia un tanto decadente, pero con final feliz: esta persona despertó del letargo y volvió a tomar el café con leche y azúcar. No se yo si esto que te cuento, Ángel, te servirá para algo. Sin embargo, mi opinión está clara: precaución con las drogas porque “el de los ocho orfidales” no tuvo más problemas que los que te he contado, pero quizá otra persona hubiera tenido que ser ingresada y reanimada.

    No creo que tengas ningún problema de adicción con el orfidal, pero tampoco abuses de él, parece que es una pastillita muy golosa y PELIGROSA. Ánimo y a vivir, que merece la pena quedarse.

    PD: ¿Podrías aclararme un poco más las propuestas de reportajes que me haces? Parecen interesantes, pero no entiendo realmente a lo que te refieres.

  15. Andrea said,

    he estado estudiando sobre consumo de psicofarmacos y me alarmó la cantidad de amigos y conocidos uqe los utlizan. en particular, creo uqe pensar en la locura y las anormalidades-disfuncionalidades es suponer un “perfecto” que, a diferencia de lo creido, es completamente construido por otros, otros que no somos nosotros.
    Por qué se escuchan pocas voces capaces de enunciar que el miedo al mundo, la depresion y la angustia tienen que ver con este sistema de opresion en el que vivimos?
    por qué elegimos la salida más facil de empastillarnos ante los conflictos y no la salida colectiva a los conflictos. hay que entender que los malestares individuales tienen una raiz social. Como uno no le va a tener miedo al mundo si el de al lado se te muere de hambre o si en sudamerica (tierras en las que vivo) sigue habiendo muertes por enfermedades erradicadas y facilmente combatibles.
    como no nos va a preocupar que las deciciones las tomen siempre otros, poderosos, que sacan provecho de nuestra situacion??
    En fin, creo uqe alejarse del mundo y vivir en una burbuja completa de Rivotril no sólo no ayuudará en nada, sino que por el contrario. sólo hará que sujetos en tension no puedan siquiera tener la posibilidad de plantearse un cambio más radical.
    asi uqe…. a dejar esa placenta de drogas legales que solo benefician a las grandes companias farmaceuticas y pensemos que solo podremos vivir LIBRES en un sistema diferente al uqe vivimos!

  16. maria said,

    joyica!!!!!!!!!
    esta página????
    cómo he llegado a ella??
    qué fuerte lo tuyo! si es que la que valee… VALEEE!!!!
    un besooo guapisimaaa y sigue escribiendo y mándamelo por mail anda🙂 muaaaa*

  17. Gema said,

    Hola Cosica!
    Al final nos faltó el aperitivo en las Flores. Para un día que vienes y te nos vas en la clandestinidad… Volverás?
    Este año Pablo va a ir agobiaico y yo acelerada como siempre, pero si nos haces un hueco en tu también frenética agenda te proporcionaremos alojamiento gratuito y risas sin fin. También podrás disfrutar en Murcia de la compañía de los filósofos perdidos, aquellos a los que abandonaste por un futuro más prometedor en tu comunidad. Estoy hablando, claro está, del Marciano, el Hombre Carapie, el Tirillas, Manolo, etc… (Un buen grupo, ya sabes, jejejejj!).
    UN BESICO Y QUE SEPAS QUE TE ECHAMOS MUCHO DE MENOS. TU ERAS EL EQUILIBRIO PENSANTE, AHORA ESTAMOS DESEQUILIBRADAMENTE INCOMPLETOS.

  18. Gema said,

    Ole ahí, Andrea!
    Me gusta tu grito revolucionario, a seguir combatiendo!

  19. fredddy said,

    bueno, la verdad, yo solo queiro dejaqr un comentario, que es muy buen reportaje, ya que un altisimo numero de gente tiene prblemas relacionados con su c onsumo de pastillas, ya sean antidepresivos,ansioliticos,depresores sedantes o estimulantes—– el caso esque yo tambien he sufrido un problema de autoconsumo, y en forma desordenada, que me acarreo mucha confusion, pero ahore sé que eran las pastillitas…..son muy buenos los fármacos, siempre y vuando vayan acompañados de terapia , porque de otra manera, te enganchas, inevitablemente te enganchas, y si empezaste a tomar pastillas por alguna razon, sin supervisión es facil perder el control.
    FRedy.

  20. PLEASE I NEED YOUR HELP REALLY BAD MY EX IS GOING INTO HARD PROBLEMS AND I NEED HIM SO SEE SOMEONE TO GIVE HIM THERE OPTIONS
    HE IMAGINES REALLY BAD THINGS ABOUT ME AND HEAR AND SEES THINGS THAT ARE NOT REAL
    I NEED YOUR HELP
    BEFORE HE WAS A DROGATIC PLS WRITE BACK

  21. Almu said,

    Bueno,pues yo soy una de esas jóvenes “adictas” a las pastillas.
    A los 14 años empecé a acudir a psicologos y a psiquiatras…
    No sé cuantos antidepresivos habré probado ya en esta vida.
    Y lo mio si tiene explicación…he vivido y estoy viviendo cosas muy duras,hay momentos en los que no puedo más,no encuentro salida y tengo ganas de acabar con todo…
    Llevaba ya un par de años sin medicarme,pero el año pasado me volvieron a recetar de urgencia el Esertia 20,por riesgo de suicidio…y parte de eso,no podia dormir asi que orfidales…con uno no me servía…pasé a tomar dos a la vez,y bueno…no me quejo,pero no duermo del todo bien…no sé si podré tomar tres seguidos,creo que si…
    Pero es que me siento en un pozo del que no sé como salir…solo tengo ganas de llorar,y la vida se me hace eterna…y solo tengo 23 años.

  22. antonia said,

    me estoy sacando el carnet de conducir tengo 42 años y como no puedo dormir por los nervios me tomo una pastillita tengo un monton de marcas y las verdad me levanto pedo estoy enganchada yo creo las voy atiorar todas a la basura y si no duermo pues ya dormire estoy desesperada con mi inseguridad que hago?


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